Reseñas literarias








¿Para qué sirven las aves?
Antonio Sandoval

Editorial Tundra. 2012.



Un original acercamiento al mundo de las aves. Antonio Sandoval logra con esta obra una contemplación sentida y crítica hacia el milagro cotidiano que supone la observación de aves. El libro se centra fundamentalmente en las aves migratorias, sobre todo las de fondo marino, descubiertas en su Galicia natal y el autor regala una lectura amena y palpitante, donde se aprenderá mucho más que ornitología.
Incluye por cierto una mirada crítica (brutal) a la terrible tragedia del Prestige. Una catástrofe de consecuencias imposibles de cuantificar pero que está determinando la vida de las aves y, por supuesto la de todo el entrono natural, incluyendo a los seres humanos.
La posibilidad de gozar con la visión de estas maravillosas criaturas está al alcance de cualquiera y este libro constituye un empujón definitivo a aquellas personas que deseen disfrutar del palpitar de la Madre Naturaleza a pocos metros de su casa.
Imprescindible.












Crímenes, de Ferdinand Von Schirach
Salamandra. 2012.



Me lo recomendaron hace un año y tardé en leerlo. Se trata de un libro de relatos escrito por un abogado alemán que plasma en sus páginas varios casos, en los que ha participado generalmente como abogado defensor de alguna de las partes. Es una obra que muestra varias historias muy bien contadas y apoyadas en un lenguaje directo y, en apariencia, sencillo. Sin embargo, detrás de esa narrativa se oculta un trabajo de lenguaje meticuloso en el que el autor desgrana con detalle el talante de los protagonistas(delincuentes) exponiendo los hechos desnudos. Pese a que, implícitamente, Von Schirach no se inmiscuye ni  tirita en valoraciones morales, su literatura está empapada de humanidad y de una visión distinta a la  decisión sentenciadora que todo el mundo aplica. Va deshojando los acontecimientos, las pulsaciones, las dudas, y los diálogos de un modo tan cercano que logra sin esfuerzo que el lector desarrolle cierta empatía hacia los actores. Algunos de estos relatos son realmente maravillosos y, al leerlos, adquirimos un cierto poso de calma que anuncia la tempestad.
En el primero de ellos (Fähner) nos muestra un execrable caso   de violencia de género. El marido, presentado magistralmente en todos sus matices psicológicos, asesina a su esposa de la que ha prometido no separarse nunca. Definido en sus actos y en sus gestos, el protagonista parece moverse ante nosotros, despertando un interés literario imposible de ocultar, pese a su horrendo crimen.
Los actos de violencia que se describen en sus párrafos nos acercan a un escritor laborioso, que ha madurado la idea en su cabeza previamente mil veces. En Legítima defensa, un hombre de corriente apariencia mata a dos neonazis en una estación y el autor disecciona la escena de forma impecable, casi cirujana.
Todos los relatos merecen una lectura reposada y es necesario acercarse al libro sin prejuicios, pero con todos los sentidos receptivos pues, en cada definición y en cada personaje, el lector puede oler y ver y palpar la sangre del caído y el ánimo del que permanece en pie.
Imprescindible.








Inside, de Borja F. Caamaño
Alhulia, s.l. 2007

Leí la novela en un par de días, a golpe de mordiscos. La obra es una visión libre de “El jardín de las delicias”, en su panel central. Casi concebida como conjunto de relatos independientes (la novela puede leerse desde cualquier capítulo) aparece un hilo invisible, además de la voz en primera persona, y es ese Pathos común, esa advocación a la fatalidad que embadurna a los personajes y que va ensartando sus vidas hacia un destino casi marcado.
Los individuos quedan definidos según sus acciones (Por sus actos los conoceréis) y también por su voz, que prestan al narrador sin complejo alguno. Transmitir el perfil psicológico de cada uno a través del pensamiento (como el joyciano monólogo interior) es una apuesta arriesgada y Borja F. Caamaño la gana con nota. Meterse en la piel de todos los individuos de la trama y hablarle al lector desde ese precipicio, exige un tratamiento literario maduro y un buen manejo del lenguaje, y él ofrece con ello la acidez de lo cotidiano, el olor de los sitios y el aroma del fracaso de unos individuos predestinados y traidores.
Gracias a esta presencia coral y a esa original presentación de los personajes, la obra es un puzle en blanco y negro donde el sistema de valores y las prioridades éticas se van a la mierda. Son individuos solitarios, moldeados por sus propias inclinaciones y bautizados, en su mayor parte, por un nihilismo vital que los condena, desembocando la novela en una continua bajada a los infiernos.
En algunos capítulos la narración se torna impulsiva, cardíaca, como si fuesen los propios individuos los que desarrollan por sí mismo la trama, con independencia de la voluntad del autor. Se vale entonces de un lenguaje más rico en metáforas, más onírico a veces, pero no menos brutal.
Es el caso de “Noche de Ronda”, que muestra el submundo policial con ese lenguaje desangrado y directo que tanto me recuerda al Morituri de Yasmina Khadra.
Otros capítulos se tornan más planificados, más cerebrales, según la propia psicología del personaje, y el autor/personaje aplica entonces una pátina de frialdad, objetividad y distancia al narrar hechos en los que está implicado (como el Capote de  “A Sangre fría”).

Es, en fin, una obra directa, escrita en un lenguaje ciertamente cinematográfico y que mantiene algunos ademanes de Opera prima y de regusto autobiográfico pero dando como resultado una novela honesta, arriesgada y eficaz.







LA FELICIDAD DE LA POLILLA, de Francisco Corrales
La Esfera Cultural. 2014.




Novela ganadora del Premio Internacional de Novela corta La Esfera Cultural 2014.

Es un relato intimista que bucea en la nostalgia de la piel perdida y de las imágenes que decoraron una infancia que se fue. Escrita en una prosa efectiva y sin alardes, logra embaucar al lector, que empatiza sin duda con el protagonista en su búsqueda de lo que ya no existe. Lo esencial y más destacable es precisamente esa narrativa fresca, escrita con honestidad, en un lenguaje medido y a la vez directo, y da por ello la sensación de que estamos ante una opera prima, en cierto punto iniciática, como si se tratase de su novela primera que el autor guardara en un cajón, junto a las emociones de la edad infantil. 
Los recuerdos se van esbozando con esa pátina amarga que da el sabor de lo perdido y de lo no recuperable y crea por ello un universo personal y reconocible pero con el que se puede identificar cualquiera que cuente con una infancia cercada de caminos y arroyos. Las referencias literarias son atinadas y en alguna de ellas veo fielmente reflejado al Joyce maravilloso de Los muertos o al bienamado Kafka.
En algunos capítulos emerge una sonrisa cómplice que contrasta perfectamente con la sensación de Paraíso perdido en el que todos nos hallamos inmersos. La conexión autor-lector es factible porque la muerte de la infancia es una metamorfosis a la que nos vemos avocados todos, sin conmiseración, y los perfiles de cada actor están bien definidos, a excepción quizás de la esposa.
Muy recomendable lectura.
















DEL OTRO LADO, de ANA OLIVERA 





EDITORA REGIONAL DE EXTREMADURA, 2010
ISBN 9788498522617



Con esta opera prima, Ana Olivera nos invita a un viaje especial, un viaje de ida en el que se  yuxtaponen dos láminas perfectamente adheridas: el viaje físico, kilométrico y visual y el viaje intimista e introspectivo. Con un lenguaje límpido y libre de artificios la autora nos ofrece una mixtura de emociones, un transitar de sensaciones que se van incorporando sutilmente, mientras el paisaje recorre las páginas. Valiéndose de ese paisaje, al que logra humanizar tiznándolo con sus propios sentimientos, Ana Olivera va desgranando la ciudad que se esconde tras las paredes de Lisboa o bajo la arena de la playa y con el texto, se desnuda a veces, mostrándonos sus propias "cárceles del alma". 
Sin apenas describir, a base de retazos y leves metáforas, logra mostrar el clima eterno de cada lugar(del paisaje y de su paisanaje) y nos sentimos próximos a su personaje, que deambula acompañada pero sola, silente pero explícita. La obra termina sin acabar, en un final abierto como el mismo ciclo de la vida, como el propio deambular de las emociones que engendra la protagonista, y regalándonos la belleza que confiere su melancolía.
 Es una literatura sincera y honesta (tan escasa en estos tiempos) una escritura que no engaña en su compromiso con el oficio de escribir desde la piel. Armada con la exactitud geográfica de Cortázar, con el tierno simbolismo de Juan Ramón, la autora utiliza su viaje como pretexto con el fin de exorcizar sus temores, sus dudas y sus fantasmas íntimos. Y todo ello lo  logra dando curso a una narrativa emocional y reflexiva, cuyo acento nos hace recordar a otras grandes autoras en castellano: Marta Portal, Elena Quiroga, Laforet o Adelaida García Morales (El sur).





 

Un aplauso americano, de Rafael Indi

 



Ecléctico y, a la vez, intimista es el acento que Rafael Indi  otorga a sus versos, en este magnífico poemario (Un aplauso americano). Con un lirismo sincero, Rafael nos proporciona una idea nueva de la poesía, entremezclando lo introspectivo y lo social, lo propio y lo de todos. Es un pulso antiguo, una lucha hermosa en la que el poeta logra salir indemne (que no vencedor).
Hilvana la poesía visual con otros versos comprometidos, combativos pero sin caer en el panfletismo y va proponiendo poemas de desamor, alternados con una visión pesimista y atroz de este mundo fiero y capitalista que entre todos hemos construido y consagrado.
En un castellano rico y sugerente, el poeta renuncia a las exigencias del lector para ir cimentando un universo personal, a veces ininteligible, que le sirve para comprender los demonios que le rodean. Los giros lingüísticos y las evocaciones van empapando cada página y, al recitar, el lector hace suyo cada verso.
Sacromonte y El humo sobre Génova son quizás los poemas mejores, cuajados de metáforas e imágenes  brutales, que nos zarandean al leerlos.
Un poemario distinto, un libro generoso y pérfido, como debe ser.







Paradoja del interventor, de Gonzalo Hidalgo Bayal. Del Oeste ediciones. 2004.




Paradoja del interventor. Gonzalo Hidalgo Bayal.
Del Oeste ediciones. 2004.



Extraordinaria y rompedora novela del escritor extremeño Higalgo Bayal. Con un rico e inusitado lenguaje nos sumerge en un atisbo de laberinto emocional y existencial donde el protagonista, de cuyo nombre no quiere acordarse, deambula insomne por las calles de una ciudad que le recibe pero que no le acoge. El individuo, tras perder un tren de indescifrable destino, permanecerá en la estación, esperando la llegada de la próxima máquina, resistiendo pero sin luchar, soportando la intransigencia del frío y el frío de los humanos.
En un castellano que a veces se empapa de barroco, Hidalgo nos muestra un personaje kafkiano, sumido bajo una superestructura social que no comprende pero que acepta.
Todo lo jerarquizado y colectivo que va apareciendo en la novela (el Hospital , la policía , el Ayuntamiento, La Iglesia, la jauría humana que conforman los jóvenes...) le ningunea y le agrede. Sólo el devaneo con algunos personajes (individualmente tratados) le confiere un pasmo de ternura.
El protagonista personifica al hombre de hoy. Un ser desorientado tras perder el tren de los valores que ya han quedado caducos (la familia, la tradición, el trabajo, la religión...). En su extravío emocional no encontrará refugio en la ciudad (sociedad) que le interpela y continuará caminando en un quimérico descenso a los infiernos, para buscar respuestas. Creerá lo que le dicen: Que aquel tipo de allí es el interventor (el diosecillo que debería ayudarle y guiarle), que quizás pase otro tren....Nada será cierto y la esperanza del individuo se irá diluyendo sin remisión.
La simbología es clave en el relato. Tanto como las connotaciones religiosas y bíblicas: El Cristo, el Vía crucis, la prostituta que preconiza la muerte, el fuego, los números, la frágil botella a modo de cáliz que nunca se romperá, el abrigo sin dueño que acabará crucificado sobre un hierro y ese último camino de Emaús que toma el protagonista, una vez resucitado del incendio, para perderse quizás en el inicio.
Los influjos de Kafka (la incomprensión/aceptación de lo que le rodea), de Borges (el tiempo y el abstracto laberinto por el que uno itinera), de Martín Santos (la bajada a los infiernos del lumpen), incluso de Beckett (que inútilmente espera a un Godot que ya no existe), están presentes de modo difuso a lo largo de la novela.
Hidalgo dibuja un paisaje deshumanizado, en una gama de actualísimos grises, un entorno cuajado de personajes sin nombre (excepto el Cristo) en el que la sociedad, representada por la ciudad, se torna implacable para aquellos que sólo esperan. Es una novela sobre la inocencia y contra el paroxismo. Una novela que nos muestra los terribles resultados del conformismo y de la pasividad social.
Es esa misma incapacidad de dar una respuesta colectiva la que ya ha comenzado a herir la piel de nuestros hijos.







Crisis, de Fco. Javier Rico y Virginia Pedrero.
Ediciones Emilianenses.
Año de edición: 2009. Logroño.
ISBN: 978-84-937178-6-5

PVP: 12 euros.


Autores:

 F.J. RICO LOMBARDO 
(Campillo de Llerena, Badajoz, 1974), nace justo un año después del comienzo de la primera crisis del petróleo. Comenzó sus estudios de Economía en la Universidad de Extremadura en 1992, en plena crisis del Sistema Monetario Europeo y con la resaca de olimpiadas y Expo que nos dejó a todos con infinitos agujeros que tapar. Acabó licenciándose en 1997, cuando la crisis asiática empezó a propagarse por las economías "emergentes" como las gripes que llegarán años después. Finalmente, decidió entrar en un sector que no sale de la crisis: la educación. Actualmente imparte clases de Economía en Bachillerato en Madrid, ha publicado algunos artículos en medios electrónicos y revistas locales y no ha podido evitar plasmar sus reflexiones sobre la actual crisis en las páginas de este álbum.


Virginia Pedrero comenzó pintando en temple sobre madera o lienzo, expuso en la Galería Amador de los Ríos, pero los soportes ocupaban mucho y su casa se hacía cada vez más pequeña. Así que gracias a la especulación inmobiliaria que asola Madrid, redujo sus formatos hasta que en 2008 sus pinturas llegan a ser lo suficientemente pequeñas como para llamarse ilustraciones.
Este es el primero de sus álbumes ilustrados
que ve la luz.
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Reseña
Fantástico y pedagógico resulta este pequeño (e intenso) álbum ilustrado, que vio la luz el pasado año 2009, y que nació al albur de la crisis financiera y económica, en la que aún están inmersas las economías ricas. Y digo las economía ricas, porque los países pobres y, sobre todo, los individuos pobres siempre han estado (y  continuarán) en una crisis permanente, atroz  y de difícil cura. Para esos eslabones débiles e indefensos (personas, colectivos, pueblos, animales, plantas) la palabra crisis no constituye un aspecto coyuntural ni un término macroeconómico. Es, sencillamente, una definición de vida. Y los responsables no son(o no sólo son) las multinacionales, los Bush, B.P. o la Banca internacional, sino todos aquellos que hablan, critican y opinan, sin mover siquiera la uña del dedo meñique. O sea...nosotros, los pusilánimes.
El libro (en un formato de presentación cuidada y original) pretende dar un empellón a nuestra forma de entender la realidad socioeconómica que nos rodea y lo hace de un modo ameno y, ¡albricias!, didáctico. Los breves textos (de Javier Rico y Virginia Pedrero) son auténticas lecciones condensadas, que abren el paso al debate o a la opinión. Las ilustraciones de Virginia Pedredo son reveladoras y enlazan muy bien con el mensaje, gracias a un dibujo límpido y personal, cuajado de ademanes ingenuos que tanto contrastan con la hondura del tema. 
Muy útil para colectivos de alumnos/as y para el cuerpo de maestras/os y profesores/as pero poco recomendable para los que reniegan del placer de hacerse preguntas.








El despertar, de Isaac Babel.
Cuentos rusos. Libro RTV, nº 56. Biblioteca Básica SALVAT.
 
 

Este ucraniano judío de Odessa (menudos tres factores para configurar una personalidad) nació cuando terminaba el siglo XIX y murió (miento, lo mataron) en 1940.
La obra El despertar, es un relato (los rusos son los grandes maestros de esta especialidad literaria) que apenas cuenta nada. Un niño se resiste a acudir a clases de música, en las que su padre tiene puestas grandes esperanzas en forma de rublos. El muchacho quiere ser escritor y sus ausencias serán finalmente descubiertas por el padre.
Y poco más.
Pero entre cada línea se derrama un lirismo cercano, una hermosa y doliente ternura, un sentimiento tan cotidiano que obliga al lector a empatizar con el muchacho. Algunas de sus imágenes son pura poesía y las descripciones son tan exactas, tan limpias que uno no necesita ni una letra más. Ni menos. Los tipos están perfectamente definidos, tanto en sus variantes psicológicas como en su lenguaje, sus usos y sus costumbres (ropajes). Es una literatura sin estrías, sin absolutos morales…pero es tan ética.
Irrepetibles elementos simbólicos se desparraman por el relato (“Las pesadas  olas del dique me separaban cada vez más de mi casa, que olía a cebolla y a destino judío”) dándonos a entender que nos hallamos ante un escritor sin parangón.
Babel se autoinculpaba señalando que le faltaba imaginación para crear una historia. Gracias a eso, el autor procuró plasmar sobre el papel lo que sus ojos contemplaban, sin más ni más. Y hay que recordar que contemplaron acontecimientos horripilantes. Ello dio lugar a unos relatos eminentemente realistas. El realismo (en una sociedad como la rusa y en una época como la de Entreguerras) es peligroso si no se convierte en loa y alabanza hacia los medalleros colgantes. Este judío cometió el imperdonable error de no alabar a los detentadores del poder. Lo pagó con su vida.
Seleccionaba las vicisitudes, los hechos desnudos y les daba forma literaria. Su obsesión por  la exactitud, su amor por Maupassant, su redacción impecable, su necesidad de no escribir nada innecesario lograron crear una narrativa bien moldeada, sencilla, infante, como un delicioso veneno que te mata sin ruido. Algunos escritos no los daba por terminados hasta repasarlos cien veces. En sus revisiones no añadía, eliminaba. Imprescindibles son sus Cuentos de Odessa (qué delicia de escritura) o la Caballería Roja (brutal, entremezclando el tremendismo con tiernas metáforas).
He leído tres traducciones del relato que citamos y, de ellas, me quedo con la de Laín Entralgo. Qué lástima no saber ruso. Sólo por leer a Babel en su lengua original, merece la pena aprenderlo.
En enero del 1940, fue ejecutado en la prisión de Butyrka. Nunca se lo perdonaremos.



El autor
Isaac Babel nace en Odessa (1894). Tras sufrir las excluyentes leyes zaristas estudia Derecho y en Petesburgo conoce a Máximo Gorki, que siempre tutelaría al joven judío. Gracias a esta amistad, ven la luz sus primeros escritos en la revista Létopis (1916).
Se incorpora (1921) a las campañas militares en el frente de Rumanía y de allí nacen sus relatos (Caballería Roja. 1926), ambientados en la brutalidad de la guerra.
Acompañado de su mujer, viaja con frecuencia a Francia y entra en contacto con escritores e intelectuales franceses. En 1931, reúne varios relatos referidos a su infancia bajo el título de  Cuentos de Odessa, en los que describe la difícil vida de los judíos y, posteriormente, realiza una nueva selección de narraciones (Relatos).
En 1939 es arrestado en Peredelkino.El juicio (26 de enero de 1940) dura veinte minutos. Sus últimas palabras fueron: “Solamente pido una cosa. Déjenme terminar mi trabajo". A la una de la madrugada fue fusilado.








 
Las hojas vivas, de Diego Pedro López Nicolás.
Fundación Max Aub. Editorial PRE-TEXTOS.




Se trata de un relato que se alzó con el XXI Premio Internacional de cuentos "Max Aub" (año 2006) y que vio la luz en una cuidada publicación, junto al relato finalista "Los nombres de Castleman", de Óscar Alonso Álvarez.
La obra de López Nicolás está muy bien escrita, con un lenguaje pulcro( casi administrativo) y en un estilo amable que permite fluir las palabras y las oraciones sin obstáculos retóricos. Me encantan el uso acertado y contenido de los símiles y las metáforas (algunas muy logradas) y ese aroma a terror psicológico que se sufre en soledad (y que tanto huele a Kafka). La narración va derramándose sin prisas, respetando el cronómetro del relato corto, y el final está muy logrado, apareciendo de repente, como la cuchillada que todo el mundo teme y espera.  
Denoto un cierto influjo del Poe más sugerente y también de ese terror progresivo, sin solución de continuidad, que provoca el Dorian Gray de O. Wilde.





 
 Desu Uzala



“No disparen, yo soy gente

Por Javier Sachez

            En 1971, el director japonés Akira Kurosawa agarró una navaja, practicó varias incisiones en sus muñecas y en su garganta y se sumergió en la bañera de su casa. Era un simbólico intento de sublimar todos los fracasos y las culpas que habían teñido su vida en los últimos años. El director no encontró otro modo más cinematográfico y más japonés, que responder ante el fracaso con un harakiri de fin de milenio. Una empleada del hogar lo encontró aún con vida y, entonces, se obró el milagro de la resurrección en uno de los directores más fundamentales del siglo XX.
Su última película, Dodes' Ka-Den ( Dodes' Ka-Den, 1970) había sido el culmen de una serie de desengaños e imposturas en su vida personal y profesional. Sin embargo, poco tiempo después, la productora soviética Mosfilm le ofreció la posibilidad de dirigir una película sobre la obra de Vladimir Arseniev, Dersu Uzala (Дерсу Узала, 1975). El director aceptó y eligió rodarla, con una coproducción ruso-japonesa, en los mismos escenarios naturales en que se desarrollaba la novela.
La película (en la que el peso de lo geofísico es menor que en la novela de Arseniev)  pone sobre la mesa dos de los grandes temas de la historia del cine y, de alguna manera, también del arte universal: La relación del individuo con sus semejantes y la relación que mantiene ese individuo con el entorno. De esta manera, Kurosawa  sincretiza en su trabajo estos dos universales, la amistad y la Naturaleza, y lo hace desde la voz en off de uno de los protagonistas, que va describiendo los acontecimientos con un ritmo narrativo impecable y adherente.
El argumento esencial se basa en la relación de amistad que se va trenzando entre los dos protagonistas, pertenececienntes a universos radicalmente distintos: Por un lado el hombre del progreso, auténtico zoon politikon tamizado en la cultura moderna y ciudadana, y, por otro lado, un habitante de la taiga, un auténtico hombre natural, según los estrictos parámetros rousseaunianos.
Es la crónica de una amistad inviolable, de una relación originada casi de repente durante una infame noche de Valpurgis en medio de la inescrutable taiga. Dos hombres que se alejan paulatinamente de su piel individual hasta convertirse en instrumentos simbólicos, en esculturas móviles que definen un modo de ser y entender el mundo que les rodea. En medio de la Naturaleza, sus individuales naturalezas se unen. Dersu Uzala representa al hombre primero que cree en la primera religión, la de la Santa Madre Naturaleza. Es un individuo que se define en su agreste mimetismo, que responde según su animista religión y que acepta un código de conducta existente desde el principio de los tiempos. Arseniev es un soldado jerárquicamente transfigurado pero también es un científico. Representa el sutil hilo de la deducción, de la medida y del goce cartesiano.
Ambos, mediatizados por el entorno en el que se ha criado y vivido, son de alguna manera, contradictorios y Kurosawa escudriña esa contradicción tan al gusto oriental. No sólo se distingue la contradicción entre dos hombres, también entre lo que representan: La ciudad y la taiga. El ladrillo y el arbusto. Todo en la obra es simbólico. La Naturaleza que provee y elimina representa lo originario, lo nativo, lo puro. La ciudad es, a su vez, un lugar inaccesible para el que no conoce su lenguaje de adjetivos y esquinas y donde la leña ha de ser intercambiada por monedas. El moderno fusil que amorosamente le regala Arseniev a su amigo se convertirá en la causa de su muerte, por ser un valioso objeto de comercio (hijo éste de la gula y la avaricia).
Kurosawa nos muestra el contacto de dos disímiles mundos, representados por estos hombres universales. Si Arseniev queda subsumido en la estructura humana que depreda y fisga, que elucubra y explota (El Ejército y la sociedad rusa), Uzala pertenece a la milicia de los ingenuos, de los silentes y de los inofensivos. Son dos hombres frente a una Naturaleza que exhala e interpela. Uno la comprende y la ama y la teme. Otro la explora para dominarla.
En su primera aparición en pantalla, Dersu grita al destacamento militar: “No disparen. Yo soy gente” (o persona, según la traducción al castellano). Para él, todos los seres son gente, ya sean animados o inanimados, y ese panteísmo le hace concebir a todos los seres como iguales.
La grandeza de la película está en el modo en que ambos se funden en una amistad sin fisuras, sin necesidad de abandonar el rol que cada uno desempeña y sin necesidad de enjuiciar los actos del otro. Arseniev no dejará de ser el capitán de Ejército que manda sobre un rudo destacamento y Uzala seguirá siendo, estrictamente, un animal imbricado en su biotopo. Dersu se mueve con ademanes homínidos frente a la elegancia rusa y el porte occidental del capitán Arseniev.
Todo ello se desarrolla en el entorno agresivo y rotundo de la taiga. La fotografía se adapta sutilmente a un lenguaje cinematográfico basado en imágenes, utilizadas con sapiencia por un Kurosawa en el que se reconoce su oficio de pintor. La película nos muestra maravillosas secuencias de esta recóndita región, a veces acogedora y a veces predadora. Los dos grandes temas (amistad y Naturaleza) se subliman tiernamente hasta que ya no es posible entender uno sin el otro.
Para la elección de actores, Kurosawa examinó a varias personas que asemejaban el físico del Uzala que aparecía en la obra de Arseniev, incluyendo a un descendiente directo del verdadero Dersu Uzala. Sin embargo, al ver entrar en la sala al viejo actor de teatro Maxim Munzuk, el director entornó los ojos, elevó el dedo índice y balbuceó: “Dersu”. Fácil elección.
Quizás la película se basa excesivamente en ambos personajes y el resto de secundarios (esposa, militares…) quedan difusamente retratados de modo que se acentúa el perfil de los verdaderos protagonistas.
En una de las escenas, mientras el destacamento espera a que la lluvia cese para continuar la exploración, Dersu Uzala se levanta para salir a campo abierto. Ante el asombro de los soldados, el viejo cazador les comenta que pronto dejará de llover porque los pájaros ya han comenzado a cantar. Ese ha de ser, y no otro, el secreto de la felicidad para los humanos como especie: servirse de la Naturaleza sin menoscabarla.
En ese juego de mezclas entre lo real y lo impalpable, Kurosawa nos muestra al tigre como una deidad de la Naturaleza, un ente animista embadurnado de un halo sobreimpresionado y onírico, en una secuencia memorable y aterradora.
Dersu Uzala es una película sobre la amistad entre los hombres y sobre la relación con la Naturaleza. Pero es mucho más que eso. Es, sobre todo, una maravillosa película de aventuras.
























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